EL CEREBRO HUMANO Y SU CONDUCTA
  La pederastia ¿anormalidad o enfermedad?
 

 

 

En los últimos días, los medios de comunicación se han hecho eco de muchos actos relacionados con las conductas humana, por ejemplo el último ha sido el pederasta que ha vuelto a reincidir en su conducta anómala infringiendo otro acto de su “necesidad” anómala mediante tocamientos e intento de violación a una niña.
En mi serie de artículos sobre “anormalidad y enfermedad”, artículos que he podido escribir gracias a la fuente del Dr. Hugo Marietan,hemos visto que mucho individuos tienen una predisposición genética en su conducta que hace que se comporten de esa manera. La pederastia como patología está documentada como una anormalidad congénita, las personas que tienen esta anormalidad su cerebro, mejor dicho, su edad mental es comparable con un niño/a de 9 a 15 años/+-. Efectivamente no son enfermos son simplemente “anormales”. Desde el punto de vista social, no llegamos a comprender que este tipo de personas han nacido con una “tara” que les hace tener una necesidad sexual diferente al resto, de ningún modo los defiendo, tan solo quiero dar otro punto de vista. Siguiendo con la argumentación social hemos construido un sistema judicial para condenar y penar a estas personas. A estas personas deben de ser consideradas anormales y como tal en vez de condenarlos a largas penas en cárceles deberían ser ingresadas en instituciones creadas específicamente para personas con “anormalidad genética”. Pero como yo no me dejo guiar por los condicionamientos sociales, en cuantos estos temas, debemos entender que estas personas, su cerebro y mente no son iguales que los del resto y por tanto no podemos juzgarles, condenarles y penarles con prisión. Pero para comprender este punto de vista debemos entender la relación entre cerebro y mente.
En nuestra experiencia cotidiana damos por supuesta una serie de aspectos relativos tanto al mundo físico como al mental:
- Existe un mundo físico conformado por una multiplicidad de objetos distribuidos en un vasto espacio. Además, la existencia del mundo físico resulta independiente de nuestro conocimiento sobre el mismo. Para referirnos a esta circunstancia, solemos decir que el mundo físico existe objetivamente.
- Además, tenemos experiencias mentales tales como, creencias, emociones, deseos y voliciones. Al conjunto de estas experiencias solemos referirnos alternativamente como el ser interior, la vida mental, la psiquis, la mente, la subjetividad, etc.
- Nuestras experiencias mentales causan parte de nuestras conducta, en tanto representan causas de nuestros movimientos corporales y otras acciones voluntarias (conducta verbal, expresiones, etc.)
- Nuestras experiencias mentales son en parte influenciadas por aspectos del mundo. En efecto, percibimos y distinguimos objetos mientras hay luz, los mismos que desaparecen en ausencia de aquella; sentimos una desagradable sensación de frío ante bajas temperaturas; sentimos una espantosa sensación de dolor ante el contacto con el fuego; etc.
- Manejamos una compleja red de representaciones cognitivas que aparecen plasmadas en un léxico concomitante. En dicha red, distinguimos entre categorías físicas y categorías mentales, expresadas a través de términos física listas (piedras, agua, dureza, presión, chocar, evaporar, etc; y a través de términos mentalistas (ver, sentir, dolor, alegría, tristeza, pensar, querer, imaginar, neurótico, creativo, inteligente, conciencia, mente, mental, etc.)
 
Las relaciones de causalidad entre lo físico y lo mental en un nivel preteórico. Al analizar en un nivel preteórico las relaciones entre el mundo físico y el mental, se revela que sustentamos nociones de causalidad recíproca entre ambos: En efecto, creemos que ciertos acontecimientos del mundo físico inciden sobre nuestros estados mentales e, inversamente, que ciertos acontecimientos mentales causan efectos sobre nuestros comportamientos, los que en definitiva representan aspectos del mundo físico.
Las relaciones de causalidad entre lo físico y lo mental en un nivel preteórico
No obstante, en un escalón algo más reflexivo, aunque siempre dentro del mismo nivel preteórico, postulamos cierta asimetría a la hora de atribuir existencia a los universos físico y mental:
- La atribución de realidad al universo físico resulta un hecho incontrovertible, en la medida en que podemos percibirlo a través de nuestros sentidos, es decir: verlo, escucharlo, tocarlo, medirlo, pesarlo, etc.
- No obstante, la atribución de realidad al universo mental resulta más problemática, en la medida en que no podemos ver, tocar, medir o pesar a los pensamientos, sentimientos, creencias, etc.
- Lo anterior plantea una especie de tensión paradojal en nuestra relación con lo mental: por un lado, en la medida en que estamos vivos, nada resulta más evidente que nuestros pensamientos y sentimientos; pero, por otro lado, al resultar dificultoso asirlos, circunscribirlos y objetivarlos, su modo de existencia se transforma en algo particularmente evanescente y, por ende, pasible de ingresar al territorio de la duda.
 
 
   
 
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